sábado, 19 de febrero de 2011

Dejad que los niños se acerquen a mí

Esas tiernecitas criaturas le quitan el sueño. No paran y dejan el templo hecho una pocilga. La catequista no deja de maldecir por lo bajinis mientras el padre Andrés insiste en que son maravillosas así como son, con sus mellas bucales, sus coletas, y hasta con las migas, esparcidas por las vestimentas, de los bollicaos que se comen mientras descansan del ensayo del rito ceremonial que muy pronto los ascenderá un nivelito más en la escala hasta Dios.
El buen párroco se mata todas las tardes en su empeño por la buena fluidez del gran día, y piensa en esas apetecibles fierecillas como en sus pequeños Rockys, mientras él se alza, tal cual doctor Frank N. Furter, en el altar, triunfal por la que muy pronto presentará como su obra “comuniónica”.

  1. "Dejad que los niños se acerquen
    dejad que venga a mí"

    -Si existieran curas jedi, esta frase nunca se hubiera dicho-