viernes, 13 de mayo de 2011

Voici les valseurs!

La orquesta toca un exquisito vals, introducido por una brillante fanfarria. Comienza la danza con el primer motivo del vals, en el que predominan los violines. El segundo motivo es cantado por las cuerdas graves, y el tercero incorpora réplicas de las maderas a las acariciadoras frases de los violines. Entran las voces solistas y el coro.
Cada personaje resulta oportunamente calificado dramáticamente a través de su guión. Mientras la música expande las elocuentes melodías ya conocidas, la muñeca tiene breves intervenciones mecánicas contrastadoras.  Lucimiento paulatino de la soprano. Pero la orquesta no resuelve la cadencia -vacío expectante-, y mantiene la tensión armónica anunciadora del drama. El compás cambia a binario. Acordes de séptima disminuida -ansiedad-. Obsesivos acordes de efecto diabólico señalan el punto de partida para la conclusión del acto. A la desesperada exclamación de Hoffmann, sigue la burla general, de efecto tragicómico, y un ritmo frenético que evoca los famosos can-cans de Offenbach.


Hoffmann pensaba que Olympia era una mujer de verdad hasta que ella se le rompió en los brazos, provocando la mofa de todos los asistentes al baile.

Dibujo rápido del momento.

Y como no podía ser menos, la pieza del final del primer acto de la obra.


Voici les valseurs!, Los cuentos de Hoffmann, Jacques Offenbach, 1881.
Libreto de Jules Barbier.