miércoles, 3 de agosto de 2011

Ana Bolena

Doncella al servicio de la reina Catalina, Ana Bolena empezó a ser objeto de las seductoras y urgentes atenciones de Enrique VIII, acostumbrado a fáciles conquistas y escoger caprichosamente a sus amantes. Sin embargo, Ana poseía una voluntad de hierro y una ambición sin límites que no la predisponían a contentarse con ocupar transitoriamente el lecho real como una cortesana más. Su intención era ceñir la corona y para lograrlo resistió estoicamente las reiteradas solicitudes de soberano, alimentando al mismo tiempo su fogosidad con inocentes caricias y rechazándolo alternativamente con objetivo de incrementar su deseo. Enrique se hallaba perdidamente enamorado y sus sentimientos fueron meticulosamente manipulados por aquella mujer calculadora, atractiva y sensual.