jueves, 13 de octubre de 2011

Mártires: Santa Bárbara

Según la tradición cristiana, Bárbara nació en Nicomedia (hoy Izmit, Turquía) y era una princesa. Su padre, muy prudente él, la encerró en una torre porque la niña le salió pimpolla (ver acepción 5.).

Aburrida, Bárbara, tal cual Rapúnzel en su habitáculo, no vio más realización personal que la de darse a las enseñanzas de Jesús (el hijo de Dios). Y para envolverse aún más en su nuevo misticismo adquirido, hizo abrir en su cuarto tres ventanas a modo de Santísima Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo -que en verdad es una paloma-). Al percatarse de tal osadía por parte de la niña, Dióscoro, su padre, quiso matarla. Pero Bárbara, que era más lista que el hambre, se fugó de su zulo para refugiarse en otro (que encontró, mire usted, por casualidad).

Yo no sé -y creo que nadie- cuándo dieron con ella. El caso es que dicen los entendidos que su martirio empezó cuando la ataron a un potro (el de tortura, no el caballito bebé) después de haber sido flagelada, desgarrada con rastrillos de hierro,  acostada en una cama de cerámica cortante y quemada con hierros al rojo vivo. Pero como su padre aún no estaba contento, la llevó ante un juez, el cuál la sentenció a morir degollada. Dióscoro fue quien blandió la espada en la cima de una montaña. Y justo cuando por fin el hombre se quedó tranquilo al ver la cabeza de su pequeña en el suelo, (porque hay que ver la niña...) va y le cae un rayo que lo fulmina...