miércoles, 12 de octubre de 2011

Santa Águeda

Hoy, en Mártires, presento a Santa Águeda, la virginal destetada.

Cuentan los catánidos (esta buena mujer era de la ciudad de Catania) que, acosada por el senador de entonces, Águeda terminó en el lupanar del pueblo por negarse a ofrecerle su amor a éste, donde, nadie sabe cómo, nunca perdió la virginidad. Pero mosqueado el hombre aún, se le ocurrió una tortura digna de su ingenio y acorde a su furia: le cortó los pechos.  "Cruel tirano, ¿no te da vergüenza torturar en una mujer el mismo seno con el que de niño te alimentaste?” fue la única ocurrencia de la mujer...

Pues bien, no contento con ésto, el senador de Catania, también la tiró a unas brasas al rojo vivo y la arrastró por toda la ciudad. En el momento de expirar, Águeda  le gritó las gracias a Dios (¿iría en sentido irónico?).

Pero ahí no queda todo. Al año de morir la santa, entró en erupción el volcán Etna. Y claro, oliéndose lo de la futura santidad de Águeda, los ciudadanos se encomendaron a ella. Curiosamente la lava se detuvo a las puertas de la ciudad.