lunes, 30 de enero de 2012

Reflexión

Seguir intentando transitar un camino que se te viene dado por el gusto de unos progenitores cuya capacidad para estar cerca se extinguió, a veces se supone un sacrificio que probablemente ni siquiera valga la pena recorrer. No sólo por el hecho mismo de mi propia soledad...mi alma, si es que de eso tengo, sabe que no tiene nada que hacer. Su momento fue algo que sólo pasó; un mundo interior que murió mucho antes de que estas carnes se fueran tiñendo en pellejos cenizos que casi rozan la putrefacción.
Este cuerpo es lo único que me queda...cuerpo...si esto puede ser llamado cuerpo... Pero es lo único que soy, lo único que firma una existencia, una estela transitoria en un punto del espacio tiempo. Y aunque sólo puedas ser capaz de apreciar mis visceralidad -y reírte mientras me observas con asco-, mi consciencia sabe que eso es lo que soy hasta que me pudra, y, por mucho que te duela, lo que me hace humano...lo mismo que eres tú.