jueves, 19 de abril de 2012

La señora de la caja

Mis ojos jamás vieron hecho igual. Resultó una vez, que hallándonos despreocupadamente en acto social, aparecióse una caja. Nadie supo de dónde salió; estaba allí de repente absorbiendo toda capacidad de atención del salón. Muy despacio, la tapa de la caja se fue descolocando, dejando paso a una figura de grotesca sinuosidad. Tal como una serpiente encantada, se fue apareciendo el ser más esperpéntico que ojo humano haya podido ver: se empezó a dejar ver un cuerpo seco, quebrado, de enjutas y duras carnes. El olor que desprendía a dulce podrido empezó a embriagar todo aquél salón. Toda una aparición triunfal en su más pésima forma de aquél cadáver hidratado por el formol. Los feligreses asistentes no dudaron en aplaudir la obra de aquélla mujer.


Aguafuerte, fotografía y tinta digital.